Sin duda la vida es agitada para todos por las miles de cosas que hay que hacer. No obstante los pequeños momentos siempre están presentes y lo mejor que podemos hacer con ellos es disfrutarlos. Una taza de café, unas hojas del libro que leemos o quizá una conversación breve pueden ser instancias muy especiales que sólo serán así si las valoramos.
Valorar las cosas, por más pequeñas o instantáneas que sean, no es muy usual, principalmente porque la vorágine del mundo nos lleva constantemente a dejar de lado los pequeños momentos, esos que si bien duran poco, pueden ser perfectamente disfrutables si les damos un valor, un sentido.
Imaginemos que tenemos que cumplir muchas obligaciones durante el día. Valorar esos instantes para contemplar la naturaleza puede ser reparador ante tanta tensión, ante tanto movimiento.
He estado teniendo días de mucha ocupación, de mucho trajín. Sin embargo no se imaginan como he disfrutado los pequeños instantes de esparcimiento. Mi café de la mañana es el más rico de todos los cafés, porque lo espero con ilusión, porque es la pausa reconfortante que necesito.
Hablar con mis padres o mis amigos aunque sea por breve tiempo es algo que me deja una gran sensación, algo que me alegra mucho para el día.
El pequeño descanso después de un trabajo duro es la inyección de fuerza que necesito para seguir adelante. Algunos podrán decir que sólo es una pausa, pero para mi es importante, es algo que cambia el panorama que miro.
Los problemas o dificultades siempre están presentes y claro cuando son resueltos un gran alivio viene automáticamente a la mente. Pero no todo es problemas, también hay instancias pequeñas que pueden ser muy confortantes siempre que las veamos ¿Cuantos no ven ante sus ojos los grandes dones de la vida? Empezando con el hecho de la existencia y de un creador.
¿Valoras los pequeños momentos? ¿Aprecias esos espacios breves que pueden ser grandiosos?

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